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¿Todos somos iguales?

En los capítulos anteriores llegamos a la conclusión de que muchas personas creen que existe una clasificación para determinar si las personas son muy o poco atractivas para todo el mundo, hablamos de la Jerarquía Universal de Atracción (JUA). Sin embargo, te has puesto a pensar ¿qué pasaría si dos personas no tienen el mismo gusto por alguien?

 

Imagina que dos chicas están caminando en la universidad y se cruzan con un compañero que comparte una misma clase con ambas. Una de ellas le dice a su amiga que dicho sujeto le encanta, ya que es demasiado ordenado y estudioso, también porque es tranquilo y porque es de los que les gusta pasar tiempo con su familia. Lo curioso, en esta situación, es que la amiga le responde algo inesperado, “¡qué aburrido!, no me atrae para nada”.

 

¿Y si no existe una jerarquía universal? ¿Y si cada persona tiene sus propios gustos? Estas preguntas permiten la aparición de una nueva propuesta, la Teoría de los Colores.

 

Sabemos que el príncipe Erick, aquel personaje “pintón” de la película “The Little Mermaid”, era deseado por Ariel. La pequeña sirena babeaba por esta persona que mostraba en sus conductas signos de honestidad y benevolencia. Información tan escueta pero al mismo tiempo suficiente como para hacernos creer que las características de dicho príncipe eran las ideales y las más buscadas por todo el mundo. Pero, ¿alguna vez se nos ocurrió preguntarle a la malvada Úrsula, el pulpo, si ella hubiera querido establecer algún tipo de relación con aquel personaje “correctito”?

 

Hemos llegado a una conclusión equivocada: “si deseas algo distinto a los demás, estás mal”, cuando en realidad todos tenemos gustos subjetivos e individuales.

 

En vez de que haya una clasificación con tres niveles jerárquicos; tal vez todos somos colores y no existe un mejor color que otro. Nadie es mejor que alguien. Imagina sumar todas las características de tu personalidad, de tu apariencia física y de otros factores que puedan determinar quién eres. Ahora imagina también que toda esta suma de criterios determinan un color, el color que tú eres, en este caso escogeremos el verde.

 

Si fuera así, si la vida te fue formando para ser color verde y alguien te rechazara, eso no significaría que eres rechazable universalmente, tal como nos hubiera sugerido la JUA. No concluiríamos que el color verde está fallado, sino que dicha persona simplemente prefiere otro color.

 

Tu autoestima no estaría en una amenaza constante, asustada de estar expuesta a cualquier rechazo. 

 

Entenderíamos que hay gustos para cada persona, uno no puede ser atractivo/a para todos y por lo tanto, tampoco puede ser rechazable para todos.

 

Por fin logramos que disminuya esa presión que tanto puede haberte agobiado. Nos ayuda a entender que cada ser humano tiene su propia jerarquía, en donde en el nivel más alto se encuentran aquellas personas que cuentan con las características que cada uno prefiere. Un conjunto de criterios que representará un color que un tipo de personas tiene y otro grupo no tendrá.

 

Además, si fueras verde, no significa que te gustarán los verdes.

 

Hay personas que prefieren o se sienten más cómodas con aquellas que tienen sus mismas características, pero hay otras que no.

 

Si eres verde, puede gustarte un azul o un rojo. Es más, si alguna vez te gustó un morado no significa que siempre te gustarán los morados, ya que los gustos pueden variar según el momento de tu vida. Incluso, tu propio color puede cambiar según las experiencias que vayas teniendo, así como cambian tus características y tu forma de ser.

 

Asimismo, si una persona color verde coincide en muchas características con otra persona color verde, pero también difiere en otros aspectos, entonces podemos considerar que existen matices de verde (verde agua, verde militar, verde limón, entre otros). Incluso en los colores existen variedades que estarían siendo determinadas por la personalidad.

 

Se abren un sinfín de posibilidades ya que una persona podría verse atraída por otras de color verde sin importarle los matices o quizás podría sentirse a gusto con aquellas que tengan la característica “plateada” (verde plateado, amarillo plateado, rojo plateado). Esta teoría nos permitiría llegar a una conclusión que terminaría por desajustar ese nudo en el cuello que tanto nos generaba ansiedad.

 

Si entendemos que somos colores, entonces no hay nadie que sea mejor que alguien universalmente. Pero sí habrá alguien mejor que alguien, para alguien en particular.

 

Por lo tanto, ¿Qué color buscas en otra persona? ¿Qué características debe tener?

 

Este es el sexto capítulo de una serie de artículos que terminarán por explicar cómo las personas vemos el mundo de las relaciones y entender que las creencias cumplen un papel importante. 

Ten en cuenta que estos artículos están escritos desde la mirada de un hombre hacia una mujer, solo porque la mayoría de los ejemplos parten de mi propia experiencia. Pero esto puede aplicarse a cualquier manifestación o expresión del amor, en todas sus hermosas dimensiones.

 


 


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