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Me enamoré de un personaje

Una película que influyó bastante en mi adolescencia fue “Can’t Hardly Wait” o también llamada en castellano “Ya No Puedo Esperar”. Trataba de una chica que era popular y que al mismo tiempo era muy buena con los demás, “¡la combinación perfecta!”, pensaba yo. Deseada por todos los compañeros del colegio, pero que al final se quedaba con aquel chico que a pesar de no ser popular, destacaba por sus valores y detalles románticos. Al final la conquistaba con una carta de amor.

 

Por todos lados nos dicen cómo debes ser, qué debes buscar y cómo tendrás que comportarte en el amor.

 

¿Te has puesto a pensar cómo será tener una relación con aquella persona deseada por “todo el mundo”? ¿Te imaginas que termines estando con esa princesa o príncipe que tanto soñaste?

 

La ilusión – que es un poco de realidad con mucho de fantasía, algo que vimos en el capítulo anterior – está fuertemente relacionada con la idealización, especialmente cuando hablamos de romanticismo. Cuando conocemos a aquella persona y empezamos a imaginar cosas lindas, enamoradizas y soñadoras de ella, empezamos a ilusionarnos y a pensar que es alguien ideal. Se convierte en una persona increíble, una persona única, a quien no debo dejar pasar porque es la mejor del mundo-mundial. Una frase retumba en mi cabeza, “debo conquistarla sea como sea”. 

 

Las películas, las historias, la familia, los amigos, los medios de comunicación, la publicidad y otros más; terminan influyendo en mis creencias sobre cómo debe ser el amor y cómo debo comportarme frente a él.

 

Aparecen roles; qué es lo que se espera de mí y cómo debo actuar frente a una situación de conquista de amor y cómo deben comportarse aquellas personas que conquistarán o que serán conquistadas. Estos roles, por muchos años, fueron asociados al género, siendo los hombres los que tenían que conquistar a las mujeres.

 

A ver, vayamos por lo obvio: idealizar es pensar que ella o él es la persona ideal, pero también implica una sobrevaloración de sus cualidades o características. Significa ver más “cosas bonitas” de las que realmente hay y obviar aquellas que no nos gustan. Es “inflar” a esa persona, poniéndola en un nivel más alto, un escalón superior. Uno de los problemas de esa situación es que corremos el riesgo de ver a dicha persona muy arriba, como si fuera alguien incomparable por mis propias características: un trofeo.

 

Convertir a esa persona en un trofeo, es sumamente peligroso para la relación.

 

“La llevo a las reuniones sociales para que me vean con ella (y de paso vean que soy capaz de estar con la mismísima Blanca Nieves)”. “Lo muestro en mis fotos y plataformas virtuales (para que todos vean que puedo conseguir príncipes y que tengo valor)”. Es evidente que se empieza a formar un ciclo que podría convertirse en un círculo vicioso:

 

Te conozco poco –> me ilusiono –> te idealizo –> te veo como trofeo –> buscaré reafirmar mi autoestima, debido a una posible inseguridad personal.

 

Si la persona es única en este mundo, entonces la posibilidad de perderla sería catastrófica. Además, por compensación, la idealización viene de la mano con la devaluación (minimización), lo cual nos lleva a una reflexión escalofriante:

 

Si él o ella está en la cima de la perfección, ¿en dónde quedo yo?

 

La devaluación termina por agredir fuertemente al otro protagonista de esta ecuación: a mí. “Jamás podré estar a la altura de Blanca Nieves o del Príncipe Encantador”, con esta afirmación la relación empieza con ciertas trabas psicológicas y emocionales. Se rompe la horizontalidad de la dinámica porque ya no nos vemos como iguales en la relación. Terminamos creyendo que uno es mejor que el otro.

 

Si te sientes menos que esa persona que has idealizado; entonces también existe la posibilidad de que siempre haya alguien mejor que tú, más atractivo, más fuerte, más inteligente, más exitoso, o con más dinero. La ansiedad aparece, como un animal rapaz listo para atrapar a su presa tan deseada: nuestra calma y seguridad personal. Una emoción que si la manejamos mal, podría llevar a la relación a una catástrofe; tal como veremos en los próximos capítulos. Te dejo estas reflexiones mientras tanto…

 

¿Te gusta mostrar a dicha persona frente a los demás? ¿Crees que estás con ese príncipe o princesa que tanto buscaste? ¿Aún sigues buscándolo o buscándola?

 

Este es el tercer capítulo de una serie de artículos que terminarán por explicar cómo las personas vemos el mundo de las relaciones y entender que las creencias cumplen un papel importante. 

Ten en cuenta que estos artículos están escritos desde la mirada de un hombre hacia una mujer, solo porque la mayoría de los ejemplos parten de mi propia experiencia. Pero esto puede aplicarse a cualquier manifestación o expresión del amor, en todas sus hermosas dimensiones.

 


 

2 Comentarios

  1. Gladdy Lanfranco dice:
    21/07/2020 a las 5:29 pm

    Me gusta lo que escribes, Franco, recuerdo que Tito, mi esposo, solía decirme que yo veía «la vida como color de rosa» y que así no era la vida.. y tuvo razón..

    Responder
    1. Franco Granthon dice:
      30/07/2020 a las 9:30 pm

      La vida tiene algunos momentos rosa y otros de distintos colores. Lo importante es saber diferenciarlos. Un abrazo tía Nena!

      Responder

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